Pocas figuras en la historia de la literatura pueden reclamar haber moldeado tanto la imaginación colectiva de la humanidad como Isaac Asimov. Nacido el 2 de enero de 1920 en Petróvichi, un pequeño pueblo de la Rusia soviética, y criado en las bulliciosas calles de Brooklyn, este hijo de tenderos aprendió a leer solo y encontró en las revistas de ciencia ficción del negocio familiar una puerta hacia mundos que él mismo, años después, se encargaría de construir.

Hoy, en el 34 aniversario de su fallecimiento, el mundo recuerda al hombre que acuñó el término "robótica", que trazó los límites morales de las máquinas antes de que existieran, y que narró la caída y resurgimiento de imperios galácticos con la misma claridad con que explicaba la bioquímica en las aulas de la Universidad de Boston.

"La ciencia recopila conocimientos más rápido de lo que la sociedad recopila sabiduría." — Isaac Asimov

Un escritor sin categoría

Asimov es uno de los poquísimos autores cuyos trabajos han sido publicados en nueve de las diez categorías del Sistema Dewey de clasificación decimal. No era simplemente un escritor de ciencia ficción: era un divulgador incansable, un ensayista, un biógrafo científico, un humorista y un filósofo disfrazado de narrador popular. Escribía doce horas al día, llegando a tipear 95 palabras por minuto, y producía con una disciplina casi mecánica que irónicamente recordaba a sus propios robots.

Junto a Arthur C. Clarke y Robert Heinlein, forma el trío conocido como el "Big Three" de la ciencia ficción, aunque su influencia trasciende ampliamente el género. Sus Tres Leyes de la Robótica, formuladas en 1942, siguen siendo referencia obligada en los debates actuales sobre inteligencia artificial y ética tecnológica, décadas antes de que estos temas llegaran a las portadas de los periódicos.

Tres obras que definen su universo

Fundación (1951) — Serie de la Fundación: La obra cumbre de Asimov. Un matemático predice la caída de un Imperio Galáctico de un millón de planetas y diseña un plan para reducir siglos de oscuridad. Una meditación profunda sobre el poder, la ciencia y el destino de la civilización que inspiró a generaciones enteras de lectores, cineastas y científicos.

Yo, Robot (1950) — Serie de los Robots: Nueve relatos que exploraron los dilemas morales de las máquinas pensantes con una anticipación que sigue siendo extraordinaria. Aquí nacieron las Tres Leyes de la Robótica, el código ético más famoso de la ciencia ficción y referente inevitable en los debates contemporáneos sobre inteligencia artificial.

El Fin de la Eternidad (1955): Una agencia que manipula el tiempo para optimizar el bienestar humano se enfrenta a su propia contradicción existencial. Una de las novelas más filosóficas y sorprendentes de Asimov, que explora el libre albedrío, el precio del control y el valor de lo impredecible.

El legado

Su influencia es tan vasta que un asteroide y un cráter en Marte llevan su nombre. Sus obras han sido adaptadas al cine, la televisión y los videojuegos, mientras que sus ideas sobre la inteligencia artificial continúan siendo citadas en laboratorios de investigación y parlamentos que legislan sobre tecnología. En total firmó más de 500 volúmenes y unas nueve mil cartas o postales a lo largo de su vida.

Falleció el 6 de abril de 1992 a los 72 años, víctima de una insuficiencia cardíaca y renal agravada por el VIH, una enfermedad que contrajo inadvertidamente durante una cirugía de bypass en 1983 y cuyo origen no fue revelado hasta 2002 por su viuda, Janet Asimov, en una biografía póstuma. Hasta el final, su pluma no se detuvo.

Treinta y cuatro años después, cada vez que un ingeniero debate los límites éticos de un robot, cada vez que un lector se pierde en los corredores del Imperio Galáctico, o cada vez que alguien levanta la mirada al cielo y se pregunta qué hay más allá… Isaac Asimov está ahí.