Hay libros que te cuentan una historia y otros que te obligan a sentirla en cada respiro. La mecánica del corazón es de los segundos. Mathias Malzieu nos presenta a Jack, un niño que nace en el Edimburgo de 1874, la noche más fría que se recuerde en la historia. Tanto frío hace que su corazón se congela al primer llanto. Por suerte, la partera es Madeleine, una mujer que es tanto bruja como cirujana, y le hace un parche de emergencia: un reloj de cuco de madera para que sustituya al órgano defectuoso.

Pero el parche no es tan sencillo. Madeleine le impone tres reglas de vida que, más que reglas, son una sentencia de muerte disfrazada de precaución: No toques las manecillas. Domina tu coraje. Y la más difícil de todas: ni se te ocurra enamorarte. Si lo haces, el tic-tac se desboca y el reloj truena. No hay vuelta atrás.

Y claro, Jack es un adolescente. Y el amor... bueno, el amor es el amor. Conoce a una pequeña cantante andaluza con problemas de vista y su vida se transforma en una montaña rusa. Ahí empieza la historia de verdad, un viaje lleno de magia, celos y dolor que lo llevará por toda Europa para desafiar sus propios límites.

Lo que más interesante de este libro no es solo la premisa (que ya de por sí es un tema fuerte), sino cómo está escrito. Malzieu es músico y se nota. La prosa rima, es supervisual, como una película de Tim Burton pero en papel. No es solo fantasía gótica; es una metáfora gigante y dolorosa sobre el primer amor, ese que te rompe por dentro pero que no cambiarías por nada.

Si buscas algo diferente, algo que te apriete el nudo de la garganta pero te deje con una sonrisa tonta, lánzate. Es corto, se lee rapidísimo y te aseguro que cuando lo termines, vas a notar ese tictac resonando en tu propio pecho.