En los últimos años, la mayoría de nosotros nos hemos familiarizado con el término “multitasking”, no solo como concepto, sino como un hábito en nuestra vida cotidiana e incluso como un requisito en nuestra vida laboral.
Atender correos electrónicos, esos tres pendientes de última hora que te exigen parar todo lo demás y después te regañan porque según no te organizas bien, estar al día con las deudas, dedicarte unos cinco minutos para “relajarte”, sostener vínculos afectivos… Todo ocurre al mismo tiempo y parece urgente.
La vida, entonces, se asemeja a una enredadera que crece sin pausa: una estructura que exige atención constante, pero que rara vez concede el tiempo necesario para sostenerla. Intentamos contenerla con las manos vacías, mientras continúa expandiéndose, indiferente a nuestro ritmo.
Esa es la vida del protagonista de Achtsam Morden (Mindfulness para Asesinos), Björn Diemel, un abogado que se encarga de limpiar el desmadre que dejan sus clientes mafiosos. Todo cambia cuando, casi por inercia, asiste a un seminario de mindfulness por recomendación de su esposa. Lo que inicia como escepticismo pronto se convierte en una herramienta inesperada: una forma de reorganizar su mundo, incluso en medio del caos total.
A lo largo de cada episodio, podemos ver cómo Björn aplica los principios del mindfulness en muchos aspectos rancios, consiguiendo un perfecto balance personal-laboral. ¿Tu cliente quiere que le resuelvas fuera de tu horario laboral? Fácil, deshazte del problema en el lago de tu preferencia. Ahora puedes pasar el fin de semana que planeaste con tu hija donde nada importa más que el momento presente.
Muchas veces nos sentimos asustados o incluso culpables porque nos cuesta recordar cuándo fue la última vez que “estuvimos en el momento”, o porque decidimos ignorar el mundo exterior mientras nos distraemos de nuestro mundo interior porque “todo es demasiado”. Y eso es normal. Hemos normalizado una forma de dividir nuestra atención en miles de pedazos con la idea de que hacer más = ser mejor. Sin embargo, el multitasking no equivale a más productividad, al contrario, solo estamos la estamos dividiendo innecesariamente por todas partes, haciendo cualquier experiencia tediosa y, como consecuencia, haciéndonos perder la capacidad de concentrarnos.
¿En verdad no tenemos tiempo suficiente?
Creo que no es secreto el hecho de que a todos nos gustaría atacar cada preocupación que vive en nuestra mente de una y hacer que desaparezcan, pero la realidad es que todo funciona como debe de funcionar y por eso estamos aquí.
En base a esa lógica, es natural que de nosotros nazca una sensación persistente de insuficiencia. La impresión de no estar haciendo lo suficiente, de no avanzar, de no cumplir, de que no estamos aportando nada.
¿A quién? Quién sabe. A uno mismo, a nuestra jefa, a nuestra familia, a nuestra terapeuta, al universo, el que más te acomode. Pero lo que constantemente perdemos de vista es que al cargar con tantas tareas de todos los sabores y tamaños terminamos con el mismo resultado: una sensación de “no valgo madres porque no he podido acabar con todo esto, y no me siento satisfecho con los que ya acabé”.
En este contexto, la falta de tiempo es más una ilusión que una realidad. No es que tengamos poco tiempo, sino que nuestra atención está esparcida por todo el lugar.
Antes de que me manden a la roña por andar de hippie, quiero que piensen en la última vez que estuvieron decididos a hacer algo que tome tiempo, lo que sea: leer, preparar la cena, limpiar su habitación, etcétera.
Ahora, hagan memoria de cuántas veces interrumpieron esa actividad por hacer otra cosa que nada que ver; es más, abran la configuración de su teléfono y revisen el Tiempo de pantalla. ¿Cuántas horas se la pasaron viendo Reels y TikTok? ¿Cuántos mensajes de WhatsApp contestaron? ¿Cuánto duraron los videos de YouTube que pusieron de fondo?
El mindfulness no se trata de evadir la realidad, se trata de confrontarla
Con todo esto enfrente, ahora podemos apreciar el mindfulness con otros ojos. Detenerse a apreciar el aquí y el ahora no implica abandonar la realidad y ser negligente, sino que se trata de habitarla con mayor claridad, con propósito.
La serie lleva esta idea al extremo utilizando la ironía para evidenciar lo que muchas veces evitamos reconocer: no es exactamente el mundo, sino nuestra forma de relacionarnos con él. No siempre se nos está exigiendo cada segundo de nuestras vidas, puede que nosotros ya nos condicionamos para estar al tiro y poder seguir siendo parte del concepto “funcional” de la sociedad actual.
Ahora, en un nivel más profundo, Mindfulness para Asesinos no ofrece respuestas cómodas, pero sí plantea una pregunta necesaria:
¿Qué estamos sacrificando al intentar hacerlo todo al mismo tiempo?
Veámoslo de esta forma: cuando estamos con un ser querido, le prestamos atención a esa persona y queremos que esa acción sea recíproca. Porque, al final, el mindfulness nos enseña que la atención es la forma más pura de presencia.
Y quizá no necesitamos más tiempo. Quizá solo necesitamos dejar de dividir el que ya tenemos. Así que vayamos todos a nuestras islas de tiempo y volvamos a ese hobby que hemos pausado por estar scrolleando por más de cuatro horas al día.
“Actuar con mindfulness significa enfocar tu perspectiva. Actuar con mindfulness no es solo cerrar los ojos. Puedes pasar un buen tiempo de recarga y, después de eso, llegará un periodo en el que podrás dejar las pilas en reposo”. —Joschka Breitner