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Capítulo 7

7

15 de septiembre de 2026 · 3 min de lectura

Aproximadamente a ochenta y nueve y noventa y cinco kilómetros de distancia de Portland, En la 16 de cony street. En lo que un día antes, incluso horas antes fue la alcaldía de Augusta, se encontraba un edificio de tres pisos, color marrón como los uniformes de los vigilantes llamada Casa Parda.

Dentro de este edificio se albergaba el Líder del Estado de Maine en turno, junto a su familia y el equipo de fuerzas especiales Waffen-SS. En esta actualidad, lo único que compartían las fuerzas especiales con las de Siegestag des Führers era el nombre. Era cierto que era una fuerza especial como en su época, pero, el entrenamiento que ahora tenía era mucho más intenso.

Los candidatos a la fuerza especial W-SS actual, solo podrían ser de la segunda y tercera generación de Überrasse, aquella raza de humanos más pura tan deseada para ellos. Hombres con genes nórdicos antiguos y alemanes modificados científicamente para que el sujeto en caso de ser perteneciente al sexo masculino sea más resistente a las condiciones naturales, tener las fuerza de hasta diez hombres normales, altura promedio de 1,80 a 1,85 metros, todos de ojos color azules o verdes y cabellos dorados. Además de ser seleccionas de la raza especial, eran entrenados desde que tenían siete años dentro de una especie de agoge, en donde los entrenaban para soportar el frío, hambre y dolor físico sin mostrar ninguna clase de molestia. Su aprendizaje constaba de tácticas de lucha cuerpo a cuerpo, manejo de armas de fuego y punzo cortantes, y el valor a la obediencia. A los veinte años formaban parte de los W-SS.

El equipamiento que portaban también era una diferencia, adecuada a las capacidades de los Überrasse y la tecnología. Cada miembro cuenta con un chaleco de nylon y kevlar de máxima movilidad. Cascos tácticos con accesorios de soporte para visión nocturna y radios sincronizados para tácticas mejoradas. Cuchillos de combate, granadas de luz y sonido, GPS militar y armamento del cual destacan los guantes con corriente eléctrica, fusiles de asalto, subfusiles, armas de precisión como fusiles de tirador y ametralladora de apoyo.

En la habitación designada para los W-SS se encontraba un hombre llamado Albrecht Bach, el actual capitán del escuadrón treinta y cuatro de las fuerzas especiales. Se encontraba sentado en su escritorio mientras revisaba el manual de uso de un armamento que llegaría la siguiente semana. Unos minutos atrás acababa de darles el día a su equipo a excepción de un operador que había situado en la entrada principal como vigilante.

Al pasar a la siguiente página, tuvo una sensación extraña en la punta de sus dedos parecida a un piquete de aguja en cada uno de ellos, como una ligera descarga eléctrica, pero de un solo contacto. La sensación cambio rápidamente a su cuello, como una mano de hielo apretando hasta el punto de quemar y asfixiar al mismo tiempo. En cuestión de segundos desapareció.

Se levanto de su escritorio de un salto, salió corriendo mientras que gritaba al joven soldado de pie en la entrada del edificio.